¿Por qué vivimos en una "patología de la civilización"?

Este fue un encuentro (planeado por el Universo) de Mujeres Médicina (lavando en el rio, lana de oveja), en Maullín,  ciudad del sur de Chile, ubicada en la Provincia de Llanquihue, Región de Los Lagos  

¿Por qué vivimos en una "patología de la civilización"?

Claves para repensar el cuidado y la libertad

1. El cansancio que no se cura durmiendo

¿Alguna vez has sentido un agotamiento profundo que persiste incluso después de un fin de semana de descanso? Este malestar, tan común en la sociedad actual, no es una falla individual ni una simple falta de vitaminas; es el síntoma de una estructura más profunda que el psiquiatra Claudio Naranjo denominó la "mente patriarcal". Lejos de ser una guerra de sexos, el patriarcado es como un "manual de instrucciones invisible" en nuestra cabeza que nos dice cómo debemos actuar, sentir y pensar, incluso sin que nos demos cuenta. Es como si desde nuestra primera infancia nos hubieran "metido adentro" ideas o reglas de otras personas (padres, profesores, la sociedad) que muchos se tragan "sin masticar", al final, terminamos creyendo que esas ideas son nuestras, cuando en realidad son de afuera, así nuestro mundo interno; es donde viven nuestros sentimientos, nuestros recuerdos y nuestra forma de ver la vida, tenemos un sistema de "mandar y obedecer".

Cuando tenía 10 años, recuerdo que en mi pueblo, escuchaba a las mujeres en su conversar, que siempre estaba presente su reproche sobre una mujer soltera del pueblo que andaba con un hombre casado, esto me generaba mucha molestia, ya que la culpaban a ella y no al hombre, con los años he pensado en la importancia de que las personas, conozcan sobre este sistema de pensamiento, llamada la mente patriarcal, está instalada en nuestra mente, un programa de creencias machistas, que se expresa a través de criticas, juicios, imposiciones sobre otra persona. Esta forma de pensar nos enseña que la vida se trata de competir y ganar, de que unos deben dominar a otros y de que ser "duro" es mejor que ser "compasivo" "comprensivo".

¿Que perdemos?:

Este sistema nos hace funcionar como "medio humanos". Nos obliga a usar solo la cabeza (la razón) y a dejar de lado el corazón (los sentimientos) y los instintos básicos de cuidado hacia los demás. Es como si tuviéramos tres motores en el cuerpo (uno para pensar, otro para sentir y otro para actuar), pero solo dejamos que uno funcione y mande a los demás.

¿Por qué es difícil de ver?:

Porque estas ideas se vuelven "naturales".

Por ejemplo, se llega a creer que es "normal" que una mujer esté siempre agotada cuidando a todos, o que un hombre no pueda llorar. No es algo biológico con lo que nacemos, sino algo que la cultura nos instaló.

En resumen: Es como una voz extraña que vive dentro de nosotros y que nos dice cómo ser "hombres" o "mujeres" según reglas antiguas de poder y obediencia, en lugar de dejarnos ser quienes realmente somos y cuidarnos los unos a los otros.

El primer paso para cambiar es darse cuenta de que esa voz no es la nuestra y que podemos elegir dejar de escucharla que prioriza la razón sobre el sentimiento y la competencia sobre el cuidado.

Al vivir bajo esta "tiranía de la lógica", hemos terminado por ignorar nuestras necesidades emocionales más básicas, generando una insatisfacción que impacta directamente en nuestra salud mental diaria. Es, en esencia, una forma de ver el mundo donde la eficiencia técnica desplaza a la vida misma.

2. Los "tres cerebros" en desequilibrio

Para entender la raíz de nuestro malestar, el maravilloso psiquiatra, escritor y pensador chileno, Claudio Naranjo y Leonardo Boff, destacado teólogo, filósofo, escritor y ecologista brasileño, proponen analizar nuestra evolución a través de la armonía de tres estructuras cerebrales, cada una asociada a una expresión del amor y a un arquetipo interno:

El cerebro reptiliano (El Niño / Amor Instintivo): Es la sede de los impulsos y la supervivencia. Su expresión es el amor-goce, orientado al placer y la plenitud vital.

El sistema límbico (La Mujer / Amor Benevolente): Herencia de nuestra condición de mamíferos, es el cerebro amoroso y relacional. De aquí surge el amor-compasivo, la empatía y la capacidad de cuidar y ser cuidado.

El neocórtex (El Hombre / Amor Reverencial): La corteza cerebral que permite la razón abstracta y el lenguaje. Su expresión es el amor-admiración, que en su forma sana nos une a la naturaleza y a lo divino.

La patología de nuestra civilización surge cuando la corteza cerebral (la razón-Neocórtex) toma un control absoluto y represivo sobre los otros dos. Naranjo nos advierte que nos hemos vuelto individuos que cancelan sus funciones emocionales e instintivas para encajar en un sistema de producción. Hemos sustituido el espíritu de finura, intuición y sensibilidad por un espíritu calculador y pragmático. Al reducir al ser humano a un mero homo economicus (simples máquinas de calcular dinero)—una abstracción matemática que solo busca el beneficio. Naranjo lo asocia con la mente patriarcal y normativa que, si no se equilibra con el cerebro emocional y reptiliano, lleva a una educación fosilizada y a la inmadurez colectiva —, caemos en lo que Naranjo define con precisión: "La mente patriarcal es una respuesta patológica de la civilización".

¿Que es una educación fosilizada?

Es una forma de enseñar que se quedó "pegada" en el pasado, como si fuera una piedra o un fósil que no puede cambiar. Es una educación que no ayuda a que las personas crezcan de verdad, sino que funciona como una herramienta de la "mente patriarcal" para que sigamos repitiendo siempre lo mismo.

Puntos importantes:

  • Solo importa "la cabeza": Es una educación que solo valora las cosas "duras" como los números, las finanzas y la economía. Se olvida de enseñar sobre el corazón, la ternura y cómo tratarnos bien los unos a los otros.
  • Nos hace "medio humanos": Tenemos tres capacidades (pensar, sentir y actuar). La educación antigua o fosilizada solo entrena la parte de pensar y obedecer, dejando a las personas como si fueran "mononeuronales" o "medio humanos", porque nos quita la posibilidad de desarrollar nuestro lado cariñoso y nuestros instintos sanos.
  • Entrena para la competencia, no para la vida: En lugar de enseñarnos a colaborar, esta educación nos prepara para ser "rapaces y codiciosos", enseñándonos que lo importante es ganar, tener éxito económico y mandar sobre los demás.
  • Es autoritaria: Funciona bajo la idea de que hay que obedecer reglas solo porque alguien lo manda, sin importar si esas reglas son justas o si nos hacen daño. No deja espacio para que el alumno pregunte o proponga cosas nuevas.
  • Es como una "fábrica": Trata a los estudiantes como si fueran piezas de una máquina que deben servirle al sistema y al dinero, en lugar de verlos como seres que necesitan amor, cuidado y espiritualidad para ser felices.

En resumen, la educación fosilizada es como un traje de piedra que nos obliga a ser fríos, competitivos y obedientes, impidiéndonos ser personas completas que saben querer y cuidar a los demás.

Claudio Naranjo sostiene que el patriarcado no es simplemente un conflicto de géneros, sino la raíz de los grandes males del mundo, como el capitalismo, la explotación, la incapacidad de vivir en paz y el expolio de la tierra. Este sistema es un macro-problema que ha hecho sufrir a generaciones enteras, afectando profundamente tanto a mujeres como a hombres.

Para enfrentar esta estructura, la propuesta de mi amado Claudio Naranjo no se basa en una lucha entre sexos, sino en una transformación de la conciencia y de la organización mental:

  • Superación del modelo tiránico: El patriarcado ha engendrado el autoritarismo (dominio del principio paterno) y la conformidad (mentalidad infantil obediente). Naranjo afirma que la verdadera solución política y social comenzará cuando la familia evolucione desde un modelo cuasi tiránico hacia una estructura heterárquica, interactuando de manera horizontal y dinámica, en colaboración, flexibilidad y la capacidad de adaptación al cambio, permitiendo que la autoridad se distribuya en lugar de concentrarse en una pirámide superior y donde los seres se relacionen de manera sana y equilibrada.
  • La tríada interior: El autor propone acelerar la transición desde una mente patriarcal hacia una organización centrada en recuperar el aspecto materno —la compasión y la benevolencia— que ha sido postergado por el imperialismo de la razón masculina. Hombres y mujeres tenemos aspectos conectados con el corazón y la razón.
  • El papel del feminismo: El feminismo es un paso fundamental para equilibrar el patriarcalismo, el objetivo final es la nivelación entre los sexos para sanar el mundo interno y el sistema social en su conjunto.
  • Una revolución de la conciencia: El enfrentamiento real contra el patriarcado requiere "nuevos revolucionarios" con un alto nivel de autoconocimiento y un silencio interior que permita percibir la verdad, trabajando en el desmoronamiento del ego y el despertar de nuestra real espiritualidad.
  • La educación como remedio: Naranjo cree que el mal del patriarcado se prolonga a través de una educación fosilizada que forma seres dóciles y automatizados. Propone una educación integral que libere al individuo de la obediencia ciega y le devuelva su autonomía y capacidad de amar.

Para Naranjo, el desafío es sanar la mente patriarcal que todos habitamos, reconociendo que la armonía social depende de la armonía intrapsíquica (somos instinto, somos emoción, somos razón) y de nuestra capacidad de mantener relaciones humanas sanas y plenas, más allá de la división entre hombres y mujeres.

3. Ética del Cuidado vs. Ética de la Justicia: El valor de lo concreto

La bioética tradicional trata de aplicar las mismas reglas para todo el mundo por igual, sin importar tanto la historia personal o los sentimientos de cada uno y ha estado dominada por la hegemonía de discursos masculinos que privilegian el "cientificismo": la idea de que aquello que la ciencia no comprende, simplemente no existe (ver para creer).

En lo personal, agradezco que haya otros ojos para ver el mundo, como es el Paradigma Constructivista, donde no existen verdades absolutas, ni realidades únicas, sino construcciones que responden a la percepción e interpretación de cada persona, por tanto, el conocimiento de la realidad es una construcción de quién observa (creer para ver), esta forma de ver el mundo invita a recuperar la voz de la subjetividad. respetar y que nos respeten nuestro "mundo de adentro", la forma única en que cada uno de nosotros siente y ve la vida, la mirada personal, comprender que no nacemos marcados para siempre, sino que se va formando con todo lo que hemos vivido, experiencias. Así la mejor arma es auto conocerse, es indagar cómo soy y sanar la herida interna, buscando sanar la separación entre lo masculino y lo femenino dentro de cada persona, permitiendo así un desarrollo integral.

No somos islas autónomas, sino seres radicalmente interdependientes.

¿Qué es ser seres radicalmente interdependientes?

  • Nadie es una isla: Ser interdependiente significa que nadie puede vivir ni crecer solo. Siempre necesitamos de los demás, tal como los hilos de una red se necesitan unos a otros para que la red no se desarrolle ni se rompa.
  • ¿Por qué es "radical"?: Se dice que es "radical" porque viene de la raíz de lo que somos. Desde el momento en que nacemos, somos absolutamente dependientes; si nadie nos cuidara, alimentara o abrazara al nacer, no sobreviviríamos. Esa necesidad de los demás nos acompaña durante toda la vida, no solo cuando somos niños o estamos enfermos.
  • Hilos invisibles que nos unen: Esta idea nos enseña que estamos conectados por vínculos invisibles. Lo que le pasa a una persona, de alguna forma nos termina afectando a todos. Por eso, la "ética del cuidado" dice que cuidar al otro es, en el fondo, cuidar la red que nos sostiene a todos.
  • Como las partes del cuerpo: Somos como los órganos del cuerpo o las partes de un motor. Así como el corazón no puede funcionar sin los pulmones, los seres humanos necesitamos colaborar y apoyarnos en lugar de vivir compitiendo o tratando de mandar a los demás.

En resumen: Ser radicalmente interdependientes significa reconocer que nos necesitamos los unos a los otros para estar bien. No es una señal de debilidad, sino nuestra mayor fuerza: nuestra capacidad de crear una solidaridad efectiva donde todos somos responsables del bienestar de los demás

La diferencia de perspectivas:

Ética de la Justicia (Universal y Abstracta): Se basa en la premisa de la igualdad, la aplicación de reglas lógicas universales, la imparcialidad y el respeto a la autonomía individual. Es una ética de "derechos en conflicto" resueltos por la razón.

Ética del Cuidado (Contextual y Narrativa): Se apoya en la premisa de la no violencia (no dañar a nadie). Se basa en la responsabilidad, la percepción de necesidades y el valor de las emociones como herramientas para apreciar conflictos morales. Considera a la persona como un ser "concreto y situado".

Recuperar la ética del cuidado implica entender que la madurez moral no es solo seguir reglas, sino captar la complejidad de las relaciones humanas y equilibrar (es un derecho): el cuidado de los demás, el cuidado de otros hacia ti y con el de uno mismo).

De acuerdo a lo anterior, la ética del cuidado tiene una base de que la realidad social, los roles de género y la moral no son algo "natural" o biológico, sino construcciones sociales y culturales que pueden ser cuestionadas y modificadas.

Puntos centrales:

  • Moral como producto social: Autores de la ética del cuidado rechazan la idea de una moral universal u objetiva, argumentando que el conocimiento y la moralidad son productos de la negociación social. En lugar de seguir reglas abstractas y generales, este enfoque se centra en las personas "concretas y situadas", cuyas vidas están marcadas por su contexto y su experiencia personal.
  • Desnaturalización de los mandatos: Este enfoque busca "desnaturalizar" conductas como la desigualdad o la violencia, reconociéndolas como construcciones históricas y no como hechos biológicos. Por ejemplo, se explica que la "mente patriarcal" es una respuesta patológica de la civilización y no algo con lo que nazcamos inevitablemente.
  • La subjetividad como espacio de transformación: La subjetividad es el mundo interno donde se instalan los mandatos de la sociedad, pero también es el lugar donde estos pueden ser transformados. Al entender que nuestras creencias son construidas, las personas pueden asumir cambios de actitud que eventualmente permean a toda la sociedad.
  • Crítica a los ideales "naturales": Se plantea que muchos malestares individuales (como la culpa materna) no son fallas personales, sino el resultado de intentar cumplir con ideales sociales construidos que son inalcanzables. Reconocer esto permite romper con la "obligatoriedad" de los roles tradicionales.
  • Construcción de la identidad: Refuerza la idea de que el devenir humano es una construcción social constante. Ejemplo "no se nace mujer, se llega a serlo", (Simone de Beauvoir)

La ética del cuidado entiende que la forma en que nos relacionamos y cuidamos no está grabada en piedra, todos podemos posicionar el cuidado (cuidar, ser cuidado y el autocuidado) como un derecho universal y el pilar central que sostiene la vida social.

La ética del cuidado es un paradigma transformador que propone situar el cuidado de la vida en el centro de la organización social, económica y política de una comunidad, donde el Derecho al Cuidado. Incluye tres dimensiones: el derecho a cuidar, el derecho a ser cuidado y el derecho al autocuidado en condiciones de igualdad.

7. Conclusión: Hacia una cultura de la confianza

Superar la "patología de la civilización" exige transitar de una mente de dominio a lo que el maravilloso científico Humberto Maturana, llamaba una "cultura matríztica". Este retorno no es una vuelta al pasado, sino una evolución hacia una convivencia basada en la colaboración, la armonía con la naturaleza y la aceptación mutua.

El cambio real comienza en la subjetividad, ese espacio donde los mandatos sociales se instalan, pero también donde pueden ser cuestionados. Debemos preguntarnos: ¿qué parte de nuestro cerebro emocional hemos silenciado hoy para encajar en un mundo frío y mecánico? Si decidimos, como sugiere Maturana, abandonar las "conversaciones de control" que son manifestaciones de una mente Patriarcal, todos podemos hacer un cambio cultural.

En lo personal considero central que las leyes reflejen el repartir la justicia de forma real, con leyes integrales, que refuercen los factores protectores y que prevenir sea efectivo, realmente sea "poner el paraguas antes de que empiece a llover" y no cuando no hay nada o poco que hacer, aprender a mirar a través del lente de la interseccionalidad, ya que no todos enfrentamos las mismas barreras estructurales, comprender que el autocuidado no es un lujo egoísta ni un privilegio; es un acto de justicia social. Es imperativo entender que el bienestar de la mujer es tan importante como el de cualquier otro integrante de la familia.

Reconocer estas capas invisibles permite pasar de ser una "víctima pasiva" de un sistema a un "agente de cambio", volver a ser seres sinérgicos, retomar una cultura matríztica pre-patriarcal basada en la colaboración y la armonía con la naturaleza. Su existencia se fundamenta principalmente en los hallazgos arqueológicos realizados en la Vieja Europa que datan de entre el 7.000 y el 5.000 A.C. 

Estamos diseñados para funcionar mucho mejor cuando nuestras partes internas y nuestras relaciones con los demás trabajan juntas en equipo, en lugar de competir o pelear entre sí, no es loco volver a criar en tribu, así podemos desmantelar las asimetrías de poder que el sistema patriarcal intenta invisibilizar. Para retornar a la confianza, quizás descubramos que el cuidado mutuo es la única medicina capaz de sanar ese cansancio que el sueño no logra aliviar.

Yo amo promover el Buen Hacer o la Etica del Cuidado, siento desde el corazón y se que vendrá el día que la  educación incorpore elementos del SER y  que nos devuelva la ternura y la capacidad de vivir en paz y ya no sobrevivir, aprenderemos a vivir y vicularnos con los demás desde el respeto y cariño, reconociendo que lo que yo hago afecta a los que me rodean.


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