Las Creencias

Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en acciones, tus acciones se convierten en hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino. 

Mahatma Gandi.

Te has preguntado cuáles son tus creencias que te limitan a vivir una vida plena.

¿Alguna vez te has cuestionado tus creencias, tu forma de ver el mundo, tus interpretaciones, tus verdades?

¿Has tenido la sensación abrumadora, que tus creencias te quitan energía?

¿Te has dado cuenta que lo que ves, es lo que quieres ver?

¿Lo que me digo lo vivo como una verdad?

¿Cuándo te has sentido superado por qué tus relaciones personales y tu salud, no es la que deseas, has sentido la necesidad de cambiar tu forma de ver y entender la vida?

¿Alguna vez, haz puesto atención a la forma de hablar con relación a las personas y a las circunstancias en que te explicas una situación que no te gusta?

¿Has prestado atención a las frases que dices, por ejemplo: «tengo que» y «debería de»; «no puedo»?

¿Cómo piensas que es la realidad, que todo ya está predicho, que no se puede cambiar, que somos como una máquina y que por mucho que queramos somos como somos?

¿Crees que llevamos unos programas incorporados, sostenidos en nuestros genes, y que nosotros somos capaces de modificar esa información tomando conciencia de nuestra realidad?

¿Cuáles son tus creencias perjudiciales que contaminan tu mente y tu vida?

Para Albert Ellis, Psicoterapeuta estadounidense; las tres creencias irracionales fundamentales son:

1. Con respecto a uno mismo: «debo hacer las cosas bien y merecer la aprobación de los demás por mis actuaciones».

2. Con respecto a los demás: «los demás deben actuar de forma agradable, considerada y justa».

3. Con respecto a la vida y al mundo: «la vida debe ofrecerme unas condiciones buenas y fáciles para poder conseguir lo que quiero sin mucho esfuerzo y con comodidad».

Vivimos en el día a día con muchas creencias irracionales acerca de todo en la vida, especialmente como debes ser tú, como deben ser los demás, cómo debe ser tu vida, cómo debe ser una relación de pareja. Hay creencias que conoces e identificas fácilmente, pero hay otras que no, ya que suelen actuar de forma inconsciente sobre las personas. 

Las creencias están ahí, latentes, ejerciendo una fuerte influencia sobre la idea que puedas tener sobre ti, los demás, las relaciones de pareja, de la vida. Además, hay creencias dignas de la Edad Media, pero aun así las utilizamos gracias a las arraigadas creencias machistas, por ejemplo, las creencias que relacionan el amor con la posesión, de ahí la importancia de trabajarnos interiormente para ir soltando lo que ya no nos sirve, soltandolo y centrándonos en lo que sí nos hace sentido, siempre va a depender de nosotros el interés que tengamos en ir transformándonos y ser más libres de sufrimiento emocional, dando lugar al crecimiento personal.

Hay creencias extremadamente estables y duraderas que para muchos autores se desarrollan durante la infancia y se elaboran a lo largo de toda la vida y sirven como determinantes del procesamiento de experiencias posteriores. 

¿Estás dispuesto a cuestionarte tu forma de ver el mundo, tus creencias?

Para muchos autores, las actitudes, creencias y valores que contribuyen al modo de pensar, sentir y actuar de las personas se perpetúan de generación en generación, por lo tanto, mi forma de observar y entender la vida está basada en mis creencias, estas determinarán el mundo que veo.

Cuando sigues viviendo sin cuestionarte, sin reflexionar contigo, estás como atado a viejas cadenas, donde las creencias son las que te dominan y te dañan, te conviertes en adicto emocional, en un ser indefenso que solo depende de la aprobación de los demás.

Las creencias son tan desgastantes, Hay quienes creen que la persona con la que no se lleva bien es la culpable de los problemas en sus relaciones personales, otras están convencidos de que tiene razón y de que la otra persona se equivoca, las hay quienes creen que la gente tiene que pensar, sentir y comportarse tal como espera, cuando no lo hacen así, se enfada y se siente frustrado; otras personas creen que la única felicidad verdadera se alcanza al ser amado por una persona, creen que si lo rechazan o si se queda solo, estará condenado a sufrir sentimientos de vacío y de falta de valor; otras creen que  tienen que satisfacer las necesidades y las expectativas de todo el mundo, aunque para ello tenga que hacerse desgraciado a sí mismo, así el amor se convierte en una forma de esclavitud, porque se siente que siempre tiene que dar, dar, dar, para ser amado; otros sienten que jamás podrá ser abierto ni espontáneo, ni decirles cómo se siente por dentro porque se escandalizarán y lo rechazarán; otros creen que son un fracaso, sentimiento que parte desde la escuela y continua en el trabajo, y que inevitablemente fallará en la vida; también hay quienes creen que la ira, los conflictos y los desacuerdos con las demás personas son peligrosos y deben evitarse, muchos creen que son superiores a los demás lo que le da derechos y privilegios especiales. Podríamos estar toda la tarde, nombrando creencias .......

¿Te has visto, cargando alguna de esa creencias?.

Es importante tomar conciencia, de ser consciente de que mi manera de ver y entender la vida está determinando cada instante, para ello empieza a identificar, a reconocer esas creencias limitantes, no sólo de ti, sino con respecto a los demás y con respecto a la vida y al mundo, si perpetuamos nuestro comportamiento éstas nos impiden sanarnos y cambiar nuestras vidas.

El gran problema de las creencias es creer que lo que creo es verdad, en otras palabras vemos, lo que queremos ver; es una interpretación regida por todos estos condicionamientos que traemos desde la niñez, de lo que escuchamos decir, a los adultos de la familia, también heredamos de nuestros progenitores emociones, costumbres y sobre todo, creencias.

Desde los autores de teorías deterministas, podemos creer que somos como nos han engendrado, con unos genes inamovibles, que todo ya está predicho, que no se puede cambiar, así podríamos escudarnos que nuestros padres, nuestra sociedad, etcétera. son los responsable de nuestro modo de ser. Por otro lado, tenemos los autores más constructivistas que opinan que llevamos unos programas incorporados, sustentados en nuestros genes, y que nosotros somos capaces de modificar esa información tomando conciencia de nuestra realidad; desde esa mirada, debemos hacernos conscientes de la responsabilidad que tenemos para con nuestras vidas y las de aquellos que nos rodean.

Ampliar nuestra mirada, es darse cuenta que si bien heredo información de mis antepasados; esta información conforma mis creencias inconscientes y más tarde, a lo largo de mi vida, se expresará en circunstancias, en las relaciones interpersonales y, sobre todo, en las relaciones intrapersonales (contigo mismo). Lo bueno es que la creencia siempre es poder. Lo que nosotros lleguemos a creer sobre algo puede darnos la fuerza necesaria para superar cualquier muralla o cualquier obstáculo. De ahí se dice: «Creer es poder».

Una persona que sabe que el «poder» está en cada uno, y que nosotros ayudamos a activarlo con nuestra forma de ver y entender las cosas por ejemplo la enfermedad y los problemas diarios, así cuando se conoce la persona más a fondo, se observa, reflexiona, se analiza, deja la superficialidad, pueden encontrar esos programas inconscientes, puede encontrar sus creencias limitantes, soltarlas, permitirse otra manera de ver las cosas y permitirse cuestionar sus creencias, para ello se da un tiempo de reflexión y de aislamiento para poder encontrarse a sí mismos. De esta manera podrá tomar las decisiones oportunas, escuchando siempre a su corazón, que es el lugar donde se encuentran las verdaderas creencias.

Es posible, si uno toma conciencia de que puede decidir tener otra forma de ver la vida, esta conciencia influirá plenamente en su vida, por mucho que otros crean o piensen lo contrario, al ir soltando la necesidad de aprobación de los demás, dejas de hacer lo que muchas veces lo otros hacen que es resistirse, luchar u oponerse a las nuevas ideas o creencias, si elegimos ese camino vamos siendo libres cada día más de sufrimiento emocional.

Ya lo habíamos dicho en otra página, una de las causas de mayor malestar y alimento de la enfermedad es la inflexibilidad, la rigidez que impide cambiar nuestras creencias y nuestros sistemas de valores. Es la poca flexibilidad a la hora de cuestionarnos a nosotros mismos, es creer que lo que percibimos es lo que percibimos y que esta percepción en sí misma es la pura y santa verdad.

¿Cómo podemos ir modificando las creencias que nos hacen sufrir?

El trabajo interior en un camino solitario, lo primero que les digo a las personas es que, si pide una sesión psicológica, debe ser consciente de que viene a cambiar sus creencias y su forma de vida, no a que la curen o a que le den soluciones; estas aparecerán en su vida cuando la persona va siendo perseverante, comprometido con su cambio.

Hay pistas para encontrar las creencias que es mediante el lenguaje, poner atención a nuestra forma de hablar con relación a las personas y a las circunstancias que nos muestran estas creencias. Hay que prestar especial atención a las frases que vamos repitiendo al vincularnos con otros, por ejemplo: «tengo que» y «debería de»; también a las que empiezan por «no puedo». Las creencias determinan de una forma inconsciente nuestra conducta, por ejemplo nadie se muere si un día no hago lo que siempre hago, así voy permitiendo modificar mi conducta, si cambio las imposiciones que me he asignado, las limitaciones que me he puesto, además dejar de buscar constantemente confirmarlas en todo lo que vea a mi alrededor, para mantener esas creencias.

Lo otro es tomar conciencia de que nuestras percepciones nos permiten cambiar nuestras creencias o, deshacerlas mediante un desaprendizaje. Lo primero que nos demuestra esta toma de conciencia es que vivimos la realidad que queremos vivir y que, cambiando solamente algunos de nuestros pensamientos, también cuestionando lo que vemos, verse capaz de reaprender, así poco a poco, podremos cambiar nuestra realidad, y nuestro cuerpo lo reflejará sintiéndonos más livianos, más sanos, más tranquilos.

Esta toma de conciencia te libera del miedo porque, cuando sabes dónde está la fuente que alimenta la vida que vives, en aquel momento, y solamente entonces, te haces responsable de ella y empiezas a cambiar tus creencias, tus percepciones, tus valores, tus pensamientos, tus sentimientos. Y, sobre todo, te liberas de una de las emociones más negativas que existen: la culpabilidad. Ya no buscas culpables, ni fuera ni dentro. Asumes la responsabilidad de tu vida, te liberas del victimismo, te conviertes en un adulto emocional. Ya no buscas excusas, porque sabes que tú eres el que tiene que cambiar, porque tú eres la causa, tu gobiernas tus reacciones.

Detrás de este escrito, hay una invitación a cambiar nuestras creencias, que controlan nuestras percepciones, y por lo tanto nuestras interpretaciones. Darte cuenta de ello es un tremendo paso.

Regálate un tiempo para ti, deja las rutinas automáticas y deja de estar atento a las redes sociales, y haz una especie de aislamiento, ya que la soledad física y mental es un trance necesario para que tus nuevas ideas, tus nuevas creencias, tus nuevas percepciones de la realidad se asienten y se refuercen. Estás realizando nuevos aprendizajes. Tú eliges si quieres ser consciente de que tienes que desaprender para poder vivir tu vida en paz, libre de cualquier condicionamiento exterior o, mejor dicho, que creías exterior a ti. Es un proceso que lleva a descubrir fortalezas, nuevas oportunidades o cambiar la filosofía de la vida.

Así confía en la vida, está llena de sincronía, de señales, si se cierra una puerta otra se abre, pone la atención en aquello que te entusiasma, recupera tu fe, el compromiso contigo mismo, con tu naturaleza divina, reconoce en ti ese componente divino que tienes.

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