
VOLVER A VIVIR LA VIDA SENCILLA
Entra en una profunda intimidad con tus raíces, y honra a la Tierra como principio de la vida.



En la celebración de la fiestas patrias, viene a mi
mente tantos recuerdos e historias maravillosas de mi niñez, que representan esfuerzos esperanzas y
sueños de familia.
Relaciono mi niñez con momentos felices: como cuando comía arrope de chañar, elaborado por mis padres a leña mantenido por más de 15 horas al fuego, me gustaba el mote, la mazamorra de chañar, las mermeladas
caseras, sacar las naranjas y las frutas de los árboles de mi abuelito, las idas a la cordillera al interior del pueblo los Loros de la Comuna de Tierra Amarilla, donde recuerdo las conversaciones de los mayores alrededor del fuego, también me gustaba estar en el gallinero y ver a las gallinas empollando, esa inactividad me sorprendía, era como que no hacían nada, sin embargo, estaban cuidando un ser vivo, también me gustaba observar el movimiento de sus cogotes, sin prisa, tanta paz y tranquilidad.
Asimismo, atesoro las historias y recuerdos de cómo cosechaban y vendían la cosecha, los corrales con cabras, los chanchos, las terneras, observar los churquis, el nacimientos de los caballitos mellizos, la preparación del queso y el pan recién hecho, del rescoldo, recuerdos de lo rico que es comer papas de las brasas, de la majada que se va a descansar, de la historia de la Llorona, del cuero, de la niña que se la llevó el río, de las competencias con mis hermanos, de la pasión de los adultos al jugar a la rayuela, las competencias a caballo, las idas al río, los paseos familiares del 19 de septiembre, la mancha de la greda al jugar en la acequia que manchó mi pantalón y que mi hermano al hacerse el gracioso en un grupo de amigos me dice esa chica tiene Pep (pasta de dientes), pedir quedarnos mirando en la noche el cielo lleno de estrellas, ver lugares llenas de mariposas hermosas y piedras con paisaje, todos estos recuerdos me llevan al pasado y los atesoro, otros recuerdos que atesoro es cuando mi familia faenaba un animal, al otro día despertaba y la cocina estaba con ese olor típico de ajo y carne, listo para tomar desayuno; son tantos los recuerdos, las historias cubiertas de olores de la tierra, de la cocina, de las siembras de sandias, melones, habas y demás verduras, olores de guano, de la primera sandia cosechada, de la tierra húmeda.
Desde niña me gustaba mucho escuchar historias, atesoro los cuentos que nos contaba mi mamá. Luego con los años me puse experta en escuchar las historias de mis papás, mis tíos, mis hermanos, parientes y vecinos, de igual modo cuando niña soñaba con encontrar tesoros, desde ahí hasta hoy busco piedras, no dejo de conmoverme por sus formas, sus colores (está en mi ADN la vida de mis antepasados, debo haber sido un indio le lomo y toro); además recuerdo que escuchaba a los mayores de la familia o los parientes decir, que "tenemos sangre de indios", esas palabras tumbaba en mi corazón como sentimiento de que era fuerte e invencible. Había tantos conocimientos, distintos quizás al de ahora, donde los hombres de las familias, tenían que saber de minería, agronomía, veterinario, carnicero, arriero, albañil, comerciante visionario y las mujeres de la familia debían ser economistas, modistas, enfermeras, pastelera, profesora, psicóloga, comerciante, constructoras, chef y un largo etcétera.
Todo lo interior, lo pude ver y sentir desde el corazón, comprendo que es la suma de saberes del hombre de la tierra, donde usaban un pensamiento integrativo, ahí convivían conocimientos culturales diversos en un mismo espacio que es la vida de campo, todos estos conocimientos no han sido valorados por su propio peso. Nuestros ancestros crearon otras formas de vida, aprovecharon los tiempos y los recursos y medios que brinda la madre tierra, pero que como hijos de ella sabían que deberían retribuir cuidando esos recursos en comunidad.
Conocer la historia de nuestros antepasados en una invitación a abrirnos a un plano de conciencia diferente al del uso de la razón y la lógica, dejar de ver desde una mirada instrumentalista y utilitarista que hemos construidos y que insta a relacionarnos más desde la competencia, la agresividad o de una conducta sumisa. Al sacarse esos lentes, hacen mirar al mundo y mirarnos a nosotros, desde la mirada de nuestros ancestros, que tiene un incalculable valor para mediar y consensuar diferencias de sentidos, verdades, valores e intereses que nos puede llevar a relacionarnos con otros en forma más saludable y con una mejor valoración de uno mismo.
Nuestras abuelas tenían otro tipo de relación con la tierra, marcada por un profundo respeto y reciprocidad. Entendían que la naturaleza no era un recurso, sino más bien un igual y sabían que los frutos y las hierbas medicinales podían ser grandes aliadas para aprovechar esta riqueza. Esto lo podemos apreciar por ejemplo, en las comidas que preparaban, donde lograban destacar sus sabores, colores, texturas y aromas. En la búsqueda de sacarle el máximo provecho a estos recursos, nuestras abuelas usaron sus puños para medir todo lo que se preparaba, convirtiendo sus manos en un elemento casi sagrado. Del mismo modo, cuidaban con cariño sus huertos y tenían muchos secretos para enfrentar algunas enfermedades
Desde niña estoy segura que la riqueza del conocimiento de los pueblos originarios posee profundidad y una maravillosa proyección práctica.
La tarea que tenemos los que llevamos la sangre de los antiguos habitantes del Valle de Copiapó, es evitar que este conocimiento siga permaneciendo silenciado e inferiorizado, debemos rescatar nuestra tradición cultural que nos habla de una determinada forma de aprehensión de la realidad, que nos puede ayudar a crear una realidad más amable y humana para todos.
Los rituales que tienen una razón simbólica mayor y de gran importancia cultural, y que la ciencia confirma que la estructura celular del cuerpo se involucra, generando cambios y al usar la intención pura pasan muchos cambios maravillosos en tu cuerpo físico, mental, emocional. Esto yo lo practico diariamente, por ejemplo, todos los días, tengo mi ritual con el sol, agradeciendo y programando frente a él mi día, también honrando a la planta que me da la hierba para mi te, honro todo ser vivo: árbol, río, cerro, plantas que forman parte de mi entorno y que está ahí para mostrarme lo hermosa que es la vida, asimismo bendigo los alimentos durante el día, agradezco a nuestra perrita Luna que nos acompaña, doy palmaditas a mi cuerpo, agradezco a mis células, a mis órganos, a mi cuerpo, todo esto me conecta con mi ser y me sirve para darme cuenta que estoy viva y que vale la pena vivir la vida, porqué es un regalo.
Respecto a lo anterior, hay bastante evidencia con la Programación Neurolingüística, que es un método eficaz que trabaja el lenguaje para influir en los procesos cerebrales y una poderosa arma para realizar cambios en la vida, asimismo estar presente en el presente y no perdida en mis pensamientos que me quitan energía, son prácticos consejos de buscar salud, que son regalos y lo más maravilloso de todo que son gratis, que todos pueden hacerlo sin excepción, nos damos excusas que no podemos darnos esos regalos por tal y tal motivo, ej. no tengo tiempo, no tengo árboles, mi casa es chica, no me concentro, vivo enfermo, si yo tuviera una parcela, lo haría etc. si te das un rato para ti durante el día y te permites estar en silencio, atento al momento presente, siempre vas a encontrar el cielo arriba para asombrarte, un cerro, un canto de un pájaro que pasó, una planta, la música que alguien escucha, la sonrisa de alguien, si pones tu mano en el corazón, serás testigo que estás vivo, que corre sangre en tu interior, permítete sentir un dolor en tu cuerpo, el ruido al abrir la llave del agua, de las cañerías de tu casa, la sensación que sentiste al oler algo, que te lleva a un hermosos recuerdo.
Por otra parte, es crucial, recuperar la experiencia de la vida comunitaria y más si pensamos en el desamparo afectivo de niños y adultos, que ha terminado siendo una experiencia tristemente cotidiana de este mundo que llamamos moderno, muchas veces la familia puede estar presentes físicamente, pero ausentes a la vez, no estamos atentos al momento, algunos podrán decir, si pero por ley quizás están más protegidos que antes, pero yo creo que desde nuestra conciencia no asumimos, vivimos muy individualistas, hemos creado un mundo sin corazón, esto se refleja en las cifras de problemas de salud mental que suben y suben.
Actualmente la sociedad de consumo en que vivimos, llamada la cultura del tener y del hacer, nos exige y demanda vivir de forma totalmente inconsciente con una prisa que nos consume toda la energía o muy distraídos que nos quita la atención del momento o dedicando mucho tiempo a preocuparnos por situaciones que han ocurrido y/o que van a ocurrir, así perdemos la capacidad de observación en cosas simples y de asombro frente a lo que observamos, hemos perdido la mágica experiencia de vivir, que es "Darse Cuenta", estar atentos y asombrados frente a la realidad, estar en el aquí y en el ahora, "en el presente", que es el regalo que traemos cuando nacemos.
En la cultura
ancestral indudablemente hay una riqueza de conocimientos inmensos y desconocida,
ellos vivían en el presente, su atención estaba en el momento actual, estaban con cuerpo y alma haciendo lo que hacían, siendo más eficientes en lo que realizaban, más estratégicos y más tácticos (uso de la intuición), al contrario si vivimos menos atentos esto lleva a no tener la mente clara, ser más reactivos y realizar nuestro trabajo con más errores.
Considerando lo anterior, todo indica que es una necesidad volver a vivir más atentos al momento actual, los estudios comprueban que se equilibra nuestra biología y nuestro cerebro nos lleva a tener una mente más clara, para tomar mejores decisiones y resolver mejor nuestros problemas, sin duda nos ayudará a formar una
sociedad más sana y equitativa.
Como familias, hay que aprovechar estas fiestas dieciochera, podemos conversar más y hacerlo sin violencia, respetando los puntos de vistas ajenos, disminuyendo los juicios y soltando prejuicios. Comprender que hay otras formas de vida, cuyo camino no es otro que autoconocernos y que hemos venido con muchos regalos que están en nuestro interior, por ej. el corazón, sólo hay que empezar a darse momentos para sí mismos, son cambios de actitud necesarios para conocer esa riqueza cultural que está en cada uno de nosotros y que nos da nuestra identidad, es decir, nuestros rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y afectivos que nos caracteriza como personas nacidas en esta tierra atacameña.
El desafío es empezar, a darse como tarea pequeñas acciones por ejemplo, a interesarse por lo relatos o historias de los adultos mayores de la familia, a reconocer la riqueza de distinguir las historias locales y querer lo propio, lo nuestro. Al rescatar los valores de la vida de los adultos mayores, esto tiene un beneficio personal y social, nos hace más humanos, así recuperamos la mirada mítica sobre el mundo, dándole lugar a la "cultura del ser", a nuestra verdadera identidad, es también volver a darle un lugar al conocimiento ancestral y tomarlo con respeto, y recién ahí podemos ir avanzando como sociedad.